Enric González

   ¿Cual será nuestro primer destino? ¿Te atreves a descubrirlo?
En esta ocasión contamos con la ayuda del periodista Enric González. Hemos recogido tres párrafos de una de sus obras en los que define la que será la primera de nuestras escalas. Se refiere al lugar en cuestión en estos términos:

   “Hay ciudades bellas y crueles, elegantes y escépticas o densas y obsesivas. (Nuestra primera ciudad) no puede ser reducida a antropomorfismos. Siglos de paz civil, comercio próspero, de emprimo y de cielos grises la han hecho indiferente como la misma naturaleza. Quizás exagero. Quizás (la ciudad) sea una proyección del carácter de (su país). No hay sentimentalismos, ni derroches de pasión, ni verdades con mayúsculas. Por una u otra razón, reúne las condiciones óptimas para que florezca la vida. Es difícil no sentirse libre en una ciudad inabarcable y a la vez recoleta, sosegada como el musgo de sus rincones sombríos, donde cabe el arte y su reverso técnico, el kitsch, sin estorbarse mutuamente, donde la Justicia, ese concepto peligroso y metafórico, pesa menos que la sensatez a escala humana del fair play”

   “Hay quien dice que (la ciudad) es el resultado de siglos de especulación inmobiliaria. La ha habido, es cierto, y la hay, y muy voraz, pero eso no explica todo. Yo hablaría más bien de entropía. La urbe ha crecido y se ha complicado por sí misma. Nunca ha tenido reyes o alcaldes que hayan querido ordenar u homogeneizar la ciudad trazando avenidas con un cartabón sobre un plano. En cierta forma, (la ciudad) se complace en su tortuosidad. << Hay que ser consciente de que una ciudad inglesa es una vasta conspiración para desorientar a extranjeros>>, explica el periodista húngaro George Mikes en su clásico `How to be a Brit.”

   “El trayecto en metro desde el aeropuerto pasó como un suspiro. Hounslow, Osterley, Boston Manor, Northfields, South Ealing,… ¡Qué hermosa sonoridad! Con nombres así, uno tiene ya medio hecha una novela de pasión e intriga. Ya no se fabrican denominaciones tan elegantes para las líneas suburbanas. Incluso el vagón, estrecho y redondeado como un tubo, era una perfecta muestra del sentido común del país: ¿Para qué derrochar espacio y oxígeno?”

   ¿Alguna idea?

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