c/ València 399 – 203. Una ruta modernista para ir al trabajo

València 399-203

Trayecto Carrer de València 399 – 203, fuente Google Maps

Entre las 9.30h a las 9.50h, de martes a sábado, de enero a diciembre, recorro caminando un tramo en la calle Valencia de Barcelona, entre el número 399 y el 203. Desde hace cuatro años veo los mismos edificios, los mismos escaparates, y me cruzo con las mismas personas que, como yo, van a trabajar, que van a hacer compras o que pasean el perro.

El trayecto diario para ir a trabajar es la mejor representación de una rutina. Contiene muchos elementos de observación, de reflexión, de movimiento externo e interno. Es como una paréntesis obligatoria entre todas las actividades que llenan nuestras vidas, un momento sólo para nosotros, en el que se plasman los sueños, la mente juega con los deseos, se proyectan planes de nuevas vidas posibles, se analiza lo que se hará en el fin de semana, durante el día o lo que se hizo el día anterior. En muchas ocasiones es un momento de introspección aunque no siempre se posee la oportunidad de aprovechar de ello. Los pensamientos pasan, se quedan entre el número 315 y el 301. Otras veces permanecen firmes y nos acompañan durante meses y, a veces, incluso las ideas surgida en el paseo empiezan a tomar forma. En la reiteración de la costumbre llegamos a conocer a la perfección el ritmo de nuestros pasos, los intervalos de los semáforos, la cara de los comerciantes esperando a los clientes en los umbrales de sus tiendas, los cambios de estaciones a través de la floritura de los árboles.

Cuando mis introspectivos vuelos mentales dejan espacio a la observación del entorno, tengo la suerte de poder gozar con un panorama urbano de todo respeto. Cruzo Avenida Diagonal y, llegando al Paseo de San Juan, encuentro la Iglesia y Convento de las Salesas, proyectados por Joan Martorell i Montells y edificados entre 1877 y 1885.

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Iglesia y Convento de las Salesas, Barcelona. Foto Susanna Corchia

El convento ahora es un colegio de los Hermanos Maristas, pero la estructura antigua de ladrillo visto se ha mantenido intacta e imponente. La iglesia está considerada uno de los ejemplos más bellos de neogótico en Barcelona.

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Vista de Paseo de San Juan, Barcelona. Foto Susanna Corchia

Paseo de San Juan despierta cada mañana los sentidos, con la luz cegadora que desde el mar remonta sus amplias aceras y carriles bicis. En 2014 todo el Paseo fue renovado, las zonas peatonales fueron ampliadas y dotadas de bancos, de islas de flores y plantas, los carriles reorganizados.

Llegando al cruce con Calle Bailén,  nunca pasa desapercibida Casa Llopis Bofill, al número 339, construida entre 1902 y 1903 por Antoni Gallissà. Manuel Llopís i Bofill era un conocido abogado y terrateniente de Sitges que encargó a Gallissà la construcción de la casa que representa un ejemplo perfecto de la permeabilidad del modernismo, entrelazando corrientes estéticas de otras épocas con el gótico típico de aquella época e influencias árabes. La fachada del edificio llama la atención por sus colores cálidos y encendidos, por los elementos decorativos detallados de estucos, por los cristales y los frondosos balcones de hierro. ¡Casa Llopis Bofill aparece hasta en la guía turística Lonely Planet!

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Casa Llopis Bofill, Barcelona. Foto Susanna Corchia

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Casa Llopis Bofill, Barcelona. Foto Susanna Corchia

Siguiendo el camino, en el número 315, se encuentra el Mercado de la Concepción, una estructura de hierro y vidrio construida en 1888 de 4010 m2 que alberga, entre otros puestos, unas tiendas de flores que permanecen abiertas todo el día y la noche.

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Mercado de la Concepción, vista lateral. Barcelona. Foto Susanna Corchia

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Mercado de la Concepción, vista frontal, Barcelona. Foto Susanna Corchia

Otra atracción del recorrido, que llama la atención de turistas y curiosos, es el Queviures  Múrria, al número 310. Inaugurado en 1898, el colmado empezó su actividad como torrefacción de café y fábrica de barquillos. Su nombre era La Purísima, retomándolo de la cercana iglesia homónima. En 1943 se instaló en el local el Colmado Quílez y Múrria, especializándose también en venta de productos exóticos o del Pirineo, frutos secos a granel y más delicatesen. En época franquista, el letrero era en castellano (“Mantequería”), pero el propietario Joan Múrria le cambió el nombre por “Queviures” en 1978. Este colmado tiene la peculiaridad de ser el único entre los que surgieron a caballo del siglo XIX y XX que todavía conserva intacta la decoración exterior y los rótulos modernistas realizados con vidrio pintado, enmarcados en una estructura de madera entallada. Destaca entre ellos el anuncio del Anís del Mono, rótulo inspirado al original anuncio del pintor Ramón Casas.

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Queviures Múrria, Barcelona. Foto Susanna Corchia

La ruta para ir a trabajar, lejos de ser una aburrida rutina, se convierte en un viaje en el tiempo, entre boulangeries al estilo francés, escaparates con coquetos modelos de clara reminiscencia años ’20 y ’30, portales y balcones decorados y edificios catalogados, reforzando la sensación de vivir en una ciudad con un alma y una importante historia, al margen de las boutiques de lujo y los turistas masivos.

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Tienda de accesorios en Calle Valencia, Barcelona. Foto Susanna Corchia.

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Panaderia en la Avenida Diagonal, Barcelona. Foto Susanna Corchia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuentarutas: 20-04-2015
Autor: Susanna Corchia

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