Asaltar el cielo

Agricultura de Altura

Casi cuatro mil metros más cerca del cielo, a juicio humano, la agricultura debería ser un acto negado. Hace miles de años, sin embargo, los hombres de estas tierras decidieron ir contra toda razón y arrancarle terrenos de sembrío a sus cumbres. Esta es la historia local de un cultivo universal: la papa y los Yauyos; entre las alturas de Lima y Junín, en Perú.

Laraos

Vista de andenes desde Laraos, en la Reserva Paisajística Nor Yauyos Cochas. 

Dice la tradición que los Yauyos, una antigua etnia pre colombina, acorralados entre pendientes áridas e inútiles para la agricultura, enfrentaban la muerte por inanición. Ni derrotados, ni sometidos, decidieron trabajar con la geografía, en lugar de desafiarla. Construyeron terrazas en las laderas de los cerros, observaron los vientos y obraron con él: la erosión y la dirección de las lluvias asentaría las tierras labradas. El agua de lluvias y manantiales sería captada en reservorios, que irrigarían terrenos de cultivo dispuestos en terrazas escalonadas y atravesadas por canaletas. La agricultura en el lugar más insólito del mundo, estaba por empezar.

Un laboratorio agrícola
Los andenes se tejen en las laderas de los cerros, desde la parte baja, hasta la media, e incluso en altura, que es donde la tierra recibe solo agua de lluvia; sembríos de Aisha le dicen aquí. Pisos climatológicos que recorren los cerros desde sus bases hasta sus  cumbres. Los antiguos lo sabían, por eso destinaron los andenes de zona baja para laboratorios agrícolas en donde, aún hoy, se mezclan, estudian y adaptan nuevas especies de papas nativas. Un legado que ya suma 425 variedades, y que hacen parte del patrimonio natural resguardado por la Reserva Paisajística Nor Yauyos Cochas, un área natural protegida por el Estado Peruano.

papa

Celebración por la fiesta del agua, donde se comparte la papa nativa cultivada en los poblados locales. 

En tiempos de cambio climático, los andenes cumplen un rol fundamental: minimizan los riesgos de heladas, logran una mayor exposición al sol, incrementan la infiltración y mejoran la aireación del suelo agrícola. La tierra se vuelve una esponja que retiene y distribuye el agua de forma sabia, para su propia supervivencia. Aún hoy la costumbre de sembrar papas venenosas de tanto en tanto junto a las comestibles, cumple la función de pesticida y asegura una producción con calidad ancestralmente orgánica.

Pueblo viejo
La producción agrícola no es, ni por asomo, la actividad económica más importante para el Perú. No atrae. No es rentable. Las frías cifras de la estadística, toman fuerza y forma: calles vacías, escuelas desiertas, mujeres sin hijos, sin nietos.

Si uno pregunta dirán resignados que sus hijos se fueron a la ciudad, a buscarse un futuro. Si uno analiza, entenderá que estos pueblos, a pesar de guardar tanto conocimiento agrario, enfrentan los picos del desarrollo, sus promesas y sus burlas. La producción agrícola moderna exige de la tierra un esfuerzo descomunal para ser rentable, sin respetar sus periodos de fertilidad, o sus épocas de descanso.

Doña Ruth, comunera que ha dedicado su vida al cultivo agrícola en andenes. 

“¡Cómo voy a castigar así a mi tierra!, Si ya le debo tanto”, dice doña Ruth, comunera de la zona. En sus palabras hay una cruda ironía. Ella no podría castigar a la tierra, la industria sí. Por eso estos agricultores no pueden competir en el mercado. Por eso aquí solo se produce para el auto consumo. Eso sí, la producción en andenes no entiende volumen como sinónimo de prosperidad. El trabajo agrícola sigue haciéndose en comunidad, rotando cultivos, alimentando a la tierra, volteándola –en el acto comunal del barbecho-, para hacer que respire e inicie nuevos ciclos de nutrientes. Una magia de vida que solo entiende quien siembra en tierra venerada.

A mochila
La Reserva Paisajística Nor Yauyos Cochas es uno de los lugares más bellos de Perú. Sus impresionantes paisajes impulsan el turismo interno, y esperan por el externo. Los viajes a mochila vienen despertando la adormecida economía local.  Pero estos descendientes de los Yauyos no se alborotan con la promesa del desarrollo sin reglas y a lo loco. Quieren respeto por sus andenes, por su flora, su fauna, sus restos arqueológicos, que aquí abundan; quieren conservación de sus saberes ancestrales, de su naturaleza.

El año dos mil, las Comunidades Campesinas de la zona solicitaron al Estado la protección legal de estos territorios. Sabían que con un área natural protegida se impondrían reglas claras para uso y manejo de sus tierras. Una estrategia de conservación que busca heredarles a sus nietos -cuando vuelvan, cuando ya no se vayan-, el mismo paisaje vivo que recibieron. Aquí, los productos agrícolas hacen parte fundamental de la cartera de oportunidades de desarrollo sostenible que impulsa la Reserva. Buscan aliados, restaurantes del mejor nivel que puedan pagar la relación calidad/conservación que ofrecen los productos de esta zona.

Reserva Paisajística Nor Yauyos Cochas, por el lado de la cuenca del Cochas Pachacayllo

Reserva Paisajística Nor Yauyos Cochas, por el lado de la cuenca del Cochas Pachacayllo. 

En un país que vive un boom gastronómico, los andenes vuelven a ser protagonistas del destino de estos pueblos. Quizás y gracias a ellos, se logre revivir el respeto y reconocimiento hacia agricultores que guardan entre sus semillas, su labranza y su tecnología ancestral, el destino de un tubérculo que resulta fundamental, en la seguridad alimentaria del mundo.

Cuentarutas: 14-05-2015
Autor: Susana Parra
Fotografía: Susana Parra. Lima-Junín. Perú. 2014

 

 

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